Las medallas de España en los Juegos Olímpicos de Invierno

España no es un país de hielo eterno, pero sí de gestas memorables en el frío extremo. En los Juegos Olímpicos de Invierno, cada medalla española cuenta una historia de esfuerzo, fuerza de voluntad y épica, escrita lejos de casa y contra toda lógica o preconcepto.

Milano–Cortina 2026 y el invierno olímpico
Los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 se celebrarán en febrero de ese año, con Milano y Cortina d’Ampezzo, en Italia, como sedes principales. Será una edición repartida entre ciudad y montaña, modernidad y tradición, en un calendario que se integra al calendario deportivo global, pero que se vive de manera distinta a los Juegos Olímpicos de Verano.
Los Juegos de Invierno no son una versión menor ni una sombra tardía. Son otro lenguaje, otra viveza. Menos disciplinas, sí, pero con reglas propias, riesgos extremos y una relación íntima con el clima, la geografía y la técnica. Aquí no hay calor ni multitudes. No hay ruido. En los Juegos Olímpicos de Invierno hay hielo, mucho hielo, y silencio tenso y segundos que definen cuatro años o más de preparativos.
En este escenario, España ha sabido dejar su huella, aunque el medallero sea corto, no se puede obviar que a lo largo de la historia, el país ha conseguido cinco medallas olímpicas de invierno sin tener una tradición de hielo profunda. Un oro, una plata y tres bronces en su haber que son profundamente simbólicos.
El oro llegó en Sapporo 1972, de la mano de Paquito Fernández Ochoa en esquí alpino. Décadas después, en Pekín 2022, la plata de Queralt Castellet en snowboard devolvió a España al podio invernal. Entre medio, tres bronces que completan una historia breve, pero muy intensa.
Con Milano–Cortina en el horizonte, las apuestas deportivas ya comienzan a palpitar lo que viene. Cuotas abiertas, disciplinas que invitan a descubrir nuevos nombres y la expectativa de ver si España puede volver a escribir una línea más en su particular relación con el invierno olímpico.
Las cinco medallas como capítulos de una historia increíble
La historia comienza con un nombre que ya es leyenda. Paquito Fernández Ochoa, en Sapporo 1972, logró el único oro olímpico de invierno de España. Fue en esquí alpino, en slalom, y fue mucho más que una victoria deportiva. En un país sin tradición masiva en deportes de nieve, aquel triunfo fue una irrupción inesperada, un golpe de talento y coraje en un escenario dominado por potencias alpinas y tradiciones de montaña.
Veinte años después, en Albertville 1992, llegó el primer bronce femenino. Blanca Fernández Ochoa, hermana de Paquito, también en esquí alpino, subió al podio y consolidó una saga familiar irrepetible. Dos hermanos, misma disciplina, misma montaña simbólica. Una rareza incluso a escala mundial, potenciada por el escaso diálogo del suelo Español con las heladas de los juegos invernales.
Hubo que esperar para volver a escuchar el himno español cerca del hielo. En PyeongChang 2018, España celebró dos bronces en una misma edición. Javier Fernández, en patinaje artístico, aportó elegancia, técnica y una narrativa distinta, más cercana al arte que a la velocidad pura. Su medalla fue también la confirmación de que España podía competir en disciplinas históricamente lejanas.
En esos mismos Juegos, Regino Hernández consiguió el bronce en snowboard, representando a una nueva generación. Deportes más jóvenes, culturas distintas, una conexión con el riesgo y la creatividad que amplió el mapa español del invierno.
La historia más reciente llegó en Pekín 2022, con la plata de Queralt Castellet en snowboard. Una medalla madura, construida a lo largo de años de constancia, caídas y regresos.
Cinco medallas. Cinco momentos históricos e inolvidables para el deporte Español. Cada uno separado por años, contextos y generaciones, pero unidos por la misma idea de competir donde pocos esperaban ver a España hacerse de una conquista tan peculiar.
El espectador ante un invierno distinto
Para el espectador, los Juegos Olímpicos de Invierno son una experiencia singular. Deportes menos conocidos, reglas que se aprenden sobre la marcha, nombres nuevos que aparecen cada cuatro años y luego desaparecen del foco mediático.
En 2026, en un año cargado de deporte a nivel global, los Juegos de Invierno ofrecen una pausa distinta donde el frío es protagonista, y también las apuestas deportivas. El riesgo es visible, la caída está siempre cerca y la épica se construye en silencio, con trabajo y esmero.
Las apuestas deportivas también funcionan como una puerta de entrada. Y es que no solo para buscar cuotas, sino para explorar disciplinas, entender favoritos, descubrir historias mínimas que no suelen acaparar la atención fuera de los juegos en sí.
España llega a cada edición con la memoria de sus medallas y la ilusión de sumar nuevas páginas. Los Juegos Olímpicos de Invierno están al caer, y como cada cuatro años, prometen muchas historias inolvidables por construir.
Si deseas profundizar aún más acerca de Los Juegos Olímpicos de Invierno, te invitamos a visitar nuestro blog, donde encontrarás artículos detallados de nuestros expertos.